jueves

Mi extraño síndrome: El Miedo


Debo confesar algo, soy una miedosa empedernida. No sé si culpar al gato, al perro o simplemente a unos padres demasiado sobreprotectores, pero a esta altura de mi vida escarbar buscando culpables no tiene sentido; además, no seré yo quien tire la primera piedra menos aún la última, pues mi dosis de culpabilidad me lo impide. Estoy bastante grandecita para darme cuenta  que dejé a mis miedos tomar el control de una parte de mi vida, pero no todo es tan oscuro, hubo muchas luces que estuvieron encendidas cuando más lo necesitaba.

Mis miedos van desde encender algún artefacto eléctrico, o un fósforo, y aunque parezcan ridículos esos miedos me siguieron hasta muy entrada mi etapa adulta, aún hoy me lo pienso dos veces antes de enchufar la plancha conteniendo las ganas de salir corriendo y  llamar a mi esposo o uno de mis hijos para que acudan en mi ayuda; hasta cruzar uno de esos puentes peatonales que se supone deben salvaguardarnos de ser arrollados por algún imprudente al volante, pero que a mí me llenan de pánico, peor aún cuando son tan angostos que a las justas pueden transitar  por ellos 2 personas. Un par de veces lo intente, juro que traté de hacerlo. Me armé de valor, pensando que ya era hora de tomar al miedo por los cuernos y…….fracaso total, terminé parada, mejor dicho paralizada, a un par de pasos de la baranda de la escalera, que me devolvería a la seguridad de la calle y a miles de pasos, al menos eso es lo que me parecía a mí, de concluir la tarea y dejar atrás el fantasma del miedo. A esas alturas mi mente se negaba a pensar con claridad y mis piernas se convertían en  dos bloques de concreto, no podía avanzar ni retroceder. Fueron los minutos más angustiantes de mi vida. Pero como todo tiene que terminar de un modo u otro, de otra forma no estaría aquí escribiendo estas líneas, abordé a la primera persona que apareció, y luego de comentarle mi apuro tratando de parecer lo menos melodramática posible, me aferre de su brazo  hasta  llegar sana  salva hasta el otro lado del puente, y fin de la historia.
Me di cuenta que ese miedo iba a darme mucha batalla y esas 2 veces bastaron para entenderlo así. Nunca más lo intenté, al menos no sola. Hoy el miedo ha menguado, aunque no desaparecido. conozco mis límites. Sólo cruzo puentes lo bastante anchos como para caminar por el centro y de esa forma estar lo más alejada posible de los bordes.
Tengo muchos otros miedos, como hablar en público, iniciar una conversación con algún extraño, hasta dormir, aunque suene increíble, pues esas 5, 6 o 7 horas en que no tengo control de nada, siento que es  como estar muerta.
Después de hacer el recuento de mis diversos y extraños miedos, es bueno mencionar que no todo es tan malo. Pues por otra parte, siempre me reto a hacer cosas nuevas, así no las termine, y comprender, indagar e investigar, en una palabra mi sed por el conocimiento es la luz que siempre ha estado encendida a lo largo de mi vida, que no es poca, y que aún me mantiene en la brecha, con la convicción que todavía tengo mucho por aprender.


 

2 comentarios:

  1. Si, excelente comienzo de tu blog y se me ocurre que entre yese, tu y unos pocos que honestamente se nos vayan agregango, podriamos comernos, aprendiendo constantemente, este interesantisimo mundo del internet

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